La epidemia de inseguridad que afecta al país, que brota y se expande causando dolor a su paso, necesita de medicamentos eficientes que vayan más allá de una simple curita o de alguna pastilla para evadirnos del sufrimiento una vez que nos llega. La falta de seguridad golpea en las calles, el transporte público y hasta en las casas. Hay temor, hay asaltos, amenazas y peligros. Todos los días hay víctimas de los “peajeros”, “caballos locos”, “pirañitas” y delincuentes de cualquier tipo, mientras las fuerzas de seguridad se ven sobrepasadas o burladas.
La inseguridad existente, sobre todo la que se manifiesta en el área metropolitana de Asunción, tiene un claro tinte de marginalidad. Se trata de asaltos en la vía pública, de robos menores y delitos contra la ciudadanía que tienen un denominador peligrosamente común: el aumento de la violencia con la que actúan los delincuentes. Es una forma de inseguridad que golpea en cualquier parte, afectando a cualquiera, como un enemigo fantasmal que nos acecha.
La delincuencia ha crecido y continúa creciendo en número, en aptitud de acción y en crueldad. La Nación necesita superar esta situación y, para ello, no solo se requieren una revisión inteligente de la legislación penal y una gran mejora en la administración de justicia, sino también una fuerza policial ética y profesionalmente muy bien formada.
La inseguridad es hoy una durísima realidad para la población en general.
La inseguridad existente, sobre todo la que se manifiesta en el área metropolitana de Asunción, tiene un claro tinte de marginalidad. Se trata de asaltos en la vía pública, de robos menores y delitos contra la ciudadanía que tienen un denominador peligrosamente común: el aumento de la violencia con la que actúan los delincuentes. Es una forma de inseguridad que golpea en cualquier parte, afectando a cualquiera, como un enemigo fantasmal que nos acecha.
La delincuencia ha crecido y continúa creciendo en número, en aptitud de acción y en crueldad. La Nación necesita superar esta situación y, para ello, no solo se requieren una revisión inteligente de la legislación penal y una gran mejora en la administración de justicia, sino también una fuerza policial ética y profesionalmente muy bien formada.
La inseguridad es hoy una durísima realidad para la población en general.
Faby Paredes

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